viernes, 2 de agosto de 2013

Volví

¡Hola amigos! He vuelto y tengo mucho que decirles. Por hoy les dejo un sencillo texto que implica una reflexión sobre la vida. Seguiré escribiendo a mis amigos y a algunos estudiantes a quienes les interesa escuchar a su maestro, porque en la actualidad las palabras de los maestros son solamente artículos que-aunque son importantes-los copian de internet. No hay una producción personal. ¿Será que no les gusta escribir o que no saben escribir? Queda uno como con dudas puesto que manejan unos fundamentos excelentes y han tenido unas experiencias extraordinarias. Pero no se conocen sus escritos, llámense cuentos, poesías o ensayos. ¿Qué pasará? En lo que a mi compete y de acuerdo con lo que siempre le he dicho a mis estudiantes-que nunca los pondré a hacer algo que yo no sea capaz de hacer-seguiré escribiendo y proponiendo mis textos como ejemplo para ellos.

¿Cómo comenzar?

¿Comenzar? Pero, ¿Cómo? De qué hablar en momentos tan tranquilos como éste en los cuales uno está hueco por dentro, como desocupado, como cuando se destapa un tarro y uno espera que tenga suficiente líquido, grano, harina o que sé yo y no encuentra sino un poco de eso pegado en el asiento del recipiente y debes raspar para sacarlo. Así estoy ahora y al raspar mi cerebro lo único que me sale,-con esa cuchara que es el recuerdo-, son destellos de todo aquello que ofende mi forma de pensar de acuerdo con mis principios, mi educación, mis conceptos o mi forma de ver la vida o visión del mundo, como algunos la llaman y yo lo digo a veces, para darle cierto caché a mis palabras. Así, en esos destellos, alcanzo a pensar o a ver, pedazos de cosas, de palabras o de situaciones; un pedazo semi- des- compuesto de una naranja,-mas o menos así como está escrito-, o reflexiono en qué estaría pensando aquella persona que cuando le preguntaron a qué personaje admiraba, contestó que a Santa Teresa de Calcuta pero que afortunadamente ya había muerto; o veo en mi pensamiento unos valores deshilachados, arrancados, vueltos nada de tanto manoseo, de tanto cartelito de colores que contamina las paredes de las instituciones educativas, pero que no se proyectan en acciones tendientes a mejorar nuestra vida de relación o convivencia, como se llama ahora, y así poner el grano de arena que siempre falta y que todos queremos ser los últimos en colocar para constituirnos en supremos sacerdotes en el rito que hará posible la paz; o simplemente observar situaciones como la invasión del gobierno de los Estados Unidos a Irak con motivaciones muy endebles o la entrega del poder a las autoridades irakíes en los últimos días con el aumento de sus fuerzas armadas en este país. Y van saliendo, con esos resplandores, temas muy importantes para desarrollar con profundidad, con orden y objetividad en un momento que no sea tan tranquilo como éste, en el que estoy un poco distraído por el son de la música, o no vengan los temas atropelladamente, de una, como sucede cuando el cuarto de San Alejo está lleno de cosas y uno abre la puerta y termina acostado en el piso, debajo de palos de escoba, traperos viejos, y toda una serie de adminículos de diferentes materiales, comprados con mucho gusto en las diez o veinte ferias artesanales que se han organizado o recibidos como regalos de los amigos, adquiridos con igual gusto y de la misma procedencia, y que después de colocarlos en los lugares adecuados se van cambiando de sitio hasta que, convertidos en basura sentimental, van a parar al dichoso cuarto y de éste, muchísimo tiempo después, a la carretilla de un basuriego, llamado ahora reciclador, o a las manos de un pariente, pobre pero honrado, que los recibe por obligación para no ofendernos, y de lo cual nos damos cuenta cuando llega alguno de los nuestros a casa y nos dice que en la esquina estaba botado un cucharero de alambre muy parecido a uno que papá compró en la feria artesanal de 1.985. Al cuarto de San alejo,-que no es tal cuarto sino un rincón de nuestra casa, el ángulo que forma la puerta del patio que no se cierra o un hueco originado por la falta de planos para la construcción de aquella-, lo llamamos en nuestro país el rincón o cuarto de los trastos y ya casi no se puede llenar, porque no hay dinero para comprar trebejos. Fernando Bedoya, julio 6 de 2.004

lunes, 18 de enero de 2010

Hoy como ayer, mañana y siempre

Autor: Fernando Bedoya Londoño; Florencia-Caquetá-Colombia; carrera 24 N° 3-22, barrio Yapurá I, teléfono 4346093, celular 3016781338.
e-mail: mariofbed@gmail.com


Ha madrugado la niebla de otros días; la oscuridad empaña los espejos
y un cielo color leche, con lágrimas pequeñas, se instala entre las almas;
no ha amanecido aún, mas la gente camina presurosa
detrás de la luz amarillenta de los focos, entre las torvas callecitas,
de las manzanas podridas del barrio adormilado.

Paso a paso, una a una,
las almas dejan la lluvia de cristales que las ciega
y salen de las sombras tutelares.
Hombro a hombro, mano a mano, la gente recoge los lamentos
de los muñecos destrozados.

Ha amanecido ya como otros días; la tímida luz dora los techos,
y cual mágica llave de rayos rutilantes, abre las puertas y ventanas;
poco a poco, lento y lento, las almas se camuflan en las charcas;
gentes llegan, gentes parten; Unas y otras, entran y salen
y cambian las acciones; duermen unas, vagan otras;
sueñan unas, velan otras;
y se pasean por calles destrozadas,
mirando aquí y allá, a ese lado, a otro lado.

Y lloro a lloro, lágrima a lágrima,
Recogen los destrozos dueños de los lamentos.


Vuelve la niebla, tal otro día, y amanece, como hace días,
y se levantan cual otros días, y se lamentan, como hace días.
así y asá, aquí y acá, y más allí, y más allá, hombro con hombro,
hembra con hombre, hombre con hembra y ambos con hambre.


Amor, aroma fino que penetra,
como cuchillo viejo, entre los ojos
y hace agonizar al no tenerte,
o al sentir que escapas como un rayo de sol en un espejo;
agonía, lenta agonía por no verte o ver que te vas
como la luna entra en la noche sorprendida;
volver, como viajero que regresa
sin haber descendido a la estación;
adiós, como se dan las despedidas
cuando ya no se quiere;
muerte, que no comprendo
y me penetra, con el frío glacial.


Mas no morí por tu presencia ida,
ni por la ausencia de tu aroma amor;
o por la daga herrumbre en el entrecejo centro;
ni mucho menos por tu escape de circo en un reflejo;
tampoco fue larga agonía, lenta;
o la luna sorpresa de la noche entrando en una estela;
Ni tu revuelta vuelta;
O tu salida olímpica y saludo al regresar:
Ya no quería tu presencia
y me encontró la muerte,
entre los fríos fierros
de las heladas ruedas
del tren en que regresas.


Con este poema participo en el segundo Concurso de Poesía de Heptagrama

viernes, 30 de octubre de 2009

A mis queridos poetas

La labor creativa de los poetas latinoamericanos no se podía dejar de lado. Por esto pensé en el "creacionista" Vicente Huidobro, para quien dije así:

HUIDOBRO

I

Salta Altazor del cielo hacia el abismo
sin querer oponerle resistencia,
dándole a sus estrofas la cadencia
que les presta su rítmico eufonismo.

Escinde las palabras, las combina
y las lanza en bandadas a los cielos,
mitades de sonoros violonchelos,
las otras voladoras golondrinas.

Se hermanan el monte y la distancias,
las brisas, las alondras y la noche,
los pájaros, la lira y la cadencia.

Florece en el poema como un broche,
obra del hacedor por su conciencia,
una nube de insectos en la noche.

A mis queridos poetas

Otro de los buenos, para mí y muchos, el cubano Nicolás Guillén, de quien digo así:
GUILLÉN

I

Baila al son Nicolás de su atabal
bajo el rayo de la nocturna luna,
en un corro cercano a la laguna
que refleja la danza en su cristal.

Y las nuevas y ardientes negras bellas
van al ruedo y remecen sus caderas
y en sus brillantes ojos cual esferas
capturan el fulgor de las estrellas.

Canto negro a Ochún y Yemayá,
danza negra que en la noche retumba,
voz del negro que tumba y no se va.

Y en el cañaduzal la zafra zumba
en las manos del negro que aquí está
y ha metido a la América en su rumba.

A mis queridos poetas

Otro de mis predilectos es Pablo Neruda, Neftalí Reyes Basoalto, a quien dedico el siguiente soneto:

NEFTALÍ

I

Palabras rumorosas como mares,
cantos de amor, de muerte y esperanza,
minas de zinc, nieves en lontananza,
arroyos, ventisqueros y pinares.

Poemas que fustigan a tiranos,
historias de su América nativa,
fornidos labradores, frente altiva,
dibujando el futuro con sus manos.

Paraísos de piedras y animales,
hombres de barro, poetas de vitral,
abogados y jueces pro imperiales,

O cosacos en soberbio pedestal,
que proponen sus obras comunales,
como muestras de política social.

A mis queridos poetas

Homenaje a mi paisano Aurelio Arturo, uno de nuestros mejores bardos:

ARTURO

I

Fue feliz en el sur y en sus montañas
paraísos selváticos de verde,
creyó que nunca la niñez se pierde,
aunque vague por sendas muy extrañas.

Siempre añoró de lejos su morada;
Tierras del sur y ríos amansados,
Las arboledas verdes, los sembrados,
¡Llama, llamita, luz, noche estrellada!

Amó a los suyos, los nombró en su verso,
su noche protectora, amante seno,
pintó de mil colores su universo,

Y a sus mujeres de color moreno;
volvió a sus lares sin ningún esfuerzo,
¡Pues, en el sur, vivir era muy bueno!




II

Fantasmas de la noche protectora
y duendes juguetones de sus lares,
balsámicas maderas y solares,
cielo, estrella y lunita soñadora.

Un país soñador con verdes hojas,
vientos que ramas y poemas mecen,
fustigadoras moscas que adormecen,
del sol en el cenit las frutas rojas.

Amores de nodrizas y doncellas
y galopar de núbiles corceles,
rutilar, sonreír de las estrellas.

Canciones de aromáticos vergeles
senderos que dejaron ondas huellas,
nostálgicas fragancias como mieles.


Autor: Fernando Bedoya Londoño